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En la Navarra del año 1970, la situación social digería los últimos años del franquismo. Después de casi cuatro décadas de dictadura, la sensibilidad política y sindical iba abriéndose camino con pequeños grupos emergentes donde jóvenes y mayores se formaban y organizaban, preparando las fuertes reivindicaciones y protestas que surgirían más adelante. Era un momento muy creativo y esperanzado en un “cambio radical” inminente y democrático, que ya se veia llegar. En todo ello tenían mucho que ver las corrientes de pensamiento que recorrían Europa, y el papel de ciertos sectores de la Iglesia católica.

Traperos de Emaús nació entonces en Navarra, a partir del entusiasmo de un numeroso grupo de jóvenes voluntarios preocupados por la situación social de la época. En abril de 1972, aquellos voluntarios organizaron un campo de trabajo para la recogida domiciliaria de objetos que luego pusieron a la venta con el objetivo de obtener fondos para asegurar viviendas dignas a las familias de etnia gitana procedentes de Portugal que vivían en chabolas en los inmediaciones de Barañain. Con lo recaudado, y la colaboración con el Ayuntamiento de Pamplona, Cruz Roja, Cáritas y grupos de la Iglesia, se pudo iniciar la construcción de lo que se conoció después como el Poblado de Santa Lucía.

La asociación Traperos de Emaús -que hasta entonces era completamente desconocida en Pamplona- comienza a tener presencia en estos años, con el trabajo solidario que desarrollaba (campos de trabajo, venta de los materiales recogidos en el rastro…) y la colaboración con otras entidades, hasta llegar a “colarse” en la actualidad y en el ámbito social como una entidad cercana y de servicio a la población.

Con el paso de los años y la mirada atenta a la realidad, fueron descubriendo otras necesidades sociales que necesitaban respuesta. Así fue surgiendo la idea de crear una comunidad en la que pudieran vivir personas que permanecían al margen, sin amparo y excluidas socialmente.

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