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En esta breve presentación intentaré hilar diferentes ideas para que podáis apreciar el tejido sobre el que alberga la comunidad; intentaré contaros diferentes vivencias para que podáis escuchar el relato de los que viven en comunidad. Me dispongo por lo tanto, en lo que dure este trazado, a convertirme en hilandera y en cuentista, para acercaros una realidad y para traduciros el sentido de la misma, en estos tiempos donde ya no se teje a mano ni se cuentan cuentos alrededor del fuego.

Hablar de la comunidad es recordar, es decir, volver a pasar por el corazón. Fue en 1978 cuando nació la comunidad, creando así un espacio donde compartir vida y trabajo, desde el impulso de personas que arriesgaron lo poco que tenían para poder ayudar a otros que estaban en peor situación. Y en ese hecho, se germinó una utopía, ya que a partir de ahí, nuestro crecimiento personal y colectivo no se basaría en mirarnos a nosotros mismos, sino en tener la mirada y los compromisos en “los otros” y “lo otro”. Así nació nuestro compromiso político y solidario; así nació el germen de la utopía. Aquellos fueron los primeros pasos que marcarían un camino que sigue dibujándose cada día.

Hablar de la comunidad es hablar en presente y del presente. Más que nunca, la comunidad se torna imprescindible ante un sistema depredador, perverso, generador de injusticia y de desigualdad. Un sistema que funciona en beneficio de unos pocos a costa de unos muchos, de los muchísimos, de la muchedumbre. La comunidad es el palpitar de la resistencia, es pulmón para la lucha. Ante un mundo desértico en crisis, la comunidad es tierra fértil de alternativas, de otro mundo que lo vemos posible y que lo hacemos posible en nuestro día a día desde la acogida, el trabajo, la vida en grupo y la solidaridad.

*En la comunidad acogemos a las personas en calidad de seres humanos, sin ser condicionadas a su pasado, a su origen, a sus opiniones u opciones personales.

*En la comunidad trabajamos, porque dependemos exclusivamente de nuestro trabajo. Esto garantiza nuestra libertad y la obtención de los recursos para el sostenimiento de nuestros principios y de nuestras necesidades. El que todos tengamos igualdad salarial refuerza nuestras convicciones y nos hace creíbles.

*En la comunidad aprendemos a vivir en grupo, tomando la diversidad como la expresión de nuestra mayor riqueza. La exigencia de la responsabilidad y participación colectiva y la ternura de las relaciones y la convivencia se entretejen para abrazarse inevitablemente bajo el mismo techo. Y este mismo techo se muestra tajante y excluyente ante los hábitos insaludables y comportamientos agresivos.

*En la comunidad ejercemos la solidaridad como principio activo de cura, como antibiótico ante las infecciones del individualismo y la desigualdad. Porque creemos profundamente que ayudando a otros nos ayudamos a nosotros mismos. Escribimos pues SOLIDARIDAD en mayúsculas porque es nuestro compromiso político. La lucha por una sociedad sin clases ni desigualdades con reparto equitativo de bienes y tareas. Como dice Mikel Laboa “Batek gose diraueno ez gara gu asetuko, bat inon loturik deino, ez gara libre izango” (En tanto haya un solo hambriento no nos saciaremos. Mientras haya un oprimido no nos liberaremos).

Hablar de la comunidad es por lo tanto, hablar de intención, de propósito, de sentido, de dirección; es saber quiénes somos y con quién estamos; es saber dónde estamos y hacia dónde queremos ir; es saber lo que defendemos, lo que amamos; es saber para qué somos. Comunidad es reflejo que se sabe reconocer en el espejo de la libertad, de la dignidad humana, y por lo tanto, inevitablemente, de la lucha.

Hablar de la comunidad es hablar de una escuela de crecimiento, donde poder aprender, tanto nosotros como todos los que vengan, a sacar lo mejor que yace en nuestros interiores. Ser cada día un poco más dueños de nuestros días y de nuestras noches, de nuestros valores y sueños, de nuestras convicciones y contradicciones… al fin y al cabo, ser más dueños de nosotros mismos. Y desde esa certeza y firmeza trabajamos con muchas otras personas y muchos otros colectivos (15M, redes, reivindicaciones políticas, sociales, laborales…) que respiran el mismo aire en el intento esperanzador de cambiar este mundo y hacerlo un tanto más habitable.

Y por todo ello decimos y decidimos que…
Comunidad es casa abierta, es cuerpo visceral, es pared natural y es piel sensible.
Comunidad son personas sentipensantes.
Comunidad es mirada que se encuentra en los ojos más desolados.
Comunidad son dientes rabiosos que aprietan en el estómago insaciable y voraz del sistema capitalista.
Comunidad es humanidad, porque aunque nos cueste creer, ambas han sido inseparables desde los tiempos más remotos de nuestra existencia.

Y con estas últimas puntadas termino este manto, que espero os haya abrigado. Y con estas últimas palabras termino este canto, que espero os haya despertado. En este intento de tejer, entrelazar, unir, dos ideas inseparables: “comunidad” y “Traperos de emaús”.


COMUNIDAD EMAÚS NAVARRA: "Un lugar en resistencia" (este Documento en Pdf)


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